SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS DÍA 4
enero 13, 2021
Permaneced en mi amor y
daréis fruto en abundancia (cf. Jn 15, 5-9)
Orar unidos
«Ya no
os llamaré siervos... A vosotros os llamo amigos»
(Juan
15, 15)
Romanos 8, 26-27. El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad
Asimismo,
a pesar de que somos débiles, el Espíritu viene en nuestra ayuda;
aunque
no sabemos lo que nos conviene pedir, el Espíritu intercede por nosotros
de
manera misteriosa.
Y Dios,
que sondea lo más profundo del ser, conoce cuál es el sentir de ese
Espíritu
que intercede por los creyentes de acuerdo con su divina voluntad.
Lucas 11, 1-4. Señor, enséñanos a orar
Una vez
estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó de orar, uno de
los
discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, al igual que Juan enseñaba a
sus
discípulos». Jesús les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu
nombre.
Venga tu reino. Danos cada día el pan que necesitamos. Perdónanos
nuestros
pecados, como también nosotros perdonamos a quienes nos hacen
mal. Y
no permitas que nos apartemos de ti».
Meditación
Dios
ansía relacionarse con nosotros. Nos busca como buscaba a Adán, llamándolo
en el
jardín: «¿Dónde estás?» (Gén 3, 9)
En
Cristo, Dios vino a nuestro encuentro. Jesús vivió en oración, íntimamente
unido a
su Padre, mientras establecía relaciones de amistad con sus
discípulos
y con todos lo que encontraba. Les dio a conocer lo que era más
preciado
para él: la relación de amor con su Padre, que es también nuestro Padre. Jesús
y los discípulos, arraigados en la riqueza de su tradición judía,
cantaron
salmos juntos. En otras ocasiones, Jesús se retiraba para orar en
soledad.
La
oración puede ser individual o compartida con otros. Puede expresar
asombro,
queja, intercesión, acción de gracias o simple silencio. A veces el
deseo de
rezar está ahí, pero se tiene la sensación de no poder hacerlo. Dirigirse
a Jesús
y decirle «enséñame» puede allanar el camino. Nuestro mismo
deseo,
es ya oración.
Reunirse
en un grupo nos ofrece apoyo. A través de himnos, palabras y silencio,
se crea
comunión. Si rezamos con cristianos de otras tradiciones, nos sorprenderá
sentirnos
unidos por un vínculo de amistad que proviene de aquel
que está
más allá de toda división. Las formas pueden variar, pero es el mismo
Espíritu
quien nos une.
En lo
cotidiano de nuestra oración común, el amor de Jesús brota dentro de
nosotros,
no sabemos cómo. La oración común no nos exime de la oración
personal.
La una sostiene a la otra. Dediquemos un tiempo cada día para renovar
nuestra
intimidad personal con Jesucristo.
La regla de Taizé en francés e inglés
(Sociedad para la Promoción del Conocimiento Cristiano, Gran
Bretaña), pp. 19 y 21
Oración
Señor
Jesús,
toda tu
vida fue oración,
perfecta
armonía con el Padre.
A través
de tu Espíritu,
enséñanos
a orar según tu voluntad de amor.
Que los
fieles del mundo entero
se unan
en intercesión y alabanza.
y que venga tu reino de
amor.
Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias
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