SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS DÍA 3
enero 13, 2021 Permaneced en mi amor y
daréis fruto en abundancia (cf. Jn 15, 5-9)
Formar
un solo cuerpo
«Amaos
los unos a los otros como yo os he amado»
(Juan
15, 12b)
Colosenses 3, 12-17. Vístete de compasión
Sois
elegidos de Dios; él os ha consagrado y os ha otorgado su amor. Sed,
pues,
profundamente compasivos, benignos, humildes, pacientes y comprensivos.
Soportaos
mutuamente y, así como el Señor os perdonó, perdonaos
también
vosotros, cuando alguno tenga quejas contra otro. Y, por encima de
todo,
practicad el amor que todo lo vuelve perfecto. Que la paz de Cristo reine
en
vuestras vidas; a ella os ha llamado Dios para formar un solo cuerpo.
Y sed
agradecidos. Que el mensaje de Cristo os llene con toda su riqueza y
sabiduría
para que seáis maestros y consejeros los unos de los otros, cantando
a Dios
salmos, himnos y canciones inspiradas con un corazón profundamente
agradecido.
En fin, cuanto hagáis o digáis, hacedlo todo en nombre de Jesús,
el
Señor, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Juan 13, 1-15; 34-35. Amaos los unos a los otros
Antes de
la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de
dejar
este mundo para ir al Padre y habiendo amado a los suyos que estaban
en el
mundo, llevó su amor hasta el fin.
Se
habían puesto a cenar y el diablo había metido ya en la cabeza de Judas
Iscariote,
hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. Con plena conciencia
de haber
venido de Dios y de que ahora volvía a él, y perfecto conocedor de
la plena
autoridad que el Padre le había dado, Jesús interrumpió la cena, se
quitó el
manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua
en una
palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos
con la
toalla que llevaba a la cintura. Cuando le llegó la vez a Simón Pedro,
este le
dijo: «Señor, ¿vas a lavarme los pies tú a mí?». Jesús le contestó: «Lo
que
estoy haciendo, no puedes comprenderlo ahora; llegará el tiempo en
que lo
entiendas». Pedro insistió: «Jamás permitiré que me laves los pies».
Jesús le
respondió: «Si no me dejas que te lave, no podrás seguir contándote
entre
los míos». Le dijo entonces Simón Pedro: «Señor, no solo los pies;
lávame
también las manos y la cabeza». Pero Jesús le replicó: «El que se ha
bañado y
está completamente limpio, solo necesita lavarse los pies. Y vosotros
estáis
limpios, aunque no todos». Jesús sabía muy bien quién iba a traicionarlo;
por eso
añadió: «No todos estáis limpios». Una vez que terminó de
lavarles
los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y les
preguntó:
«¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y
Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues
bien, si
yo, vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, lo mismo debéis
hacer
vosotros unos con otros. Os he dado ejemplo para que os portéis como
yo me he
portado con vosotros.
Os doy
un mandamiento nuevo: Amaos unos a otros; como yo os he amado,
así
también amaos los unos a los otros. Vuestro amor mutuo será el distintivo
por el
que todo el mundo os reconocerá como discípulos míos».
Meditación
En la
víspera de su muerte, Jesús se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos.
Sabía la
dificultad de vivir juntos y la importancia del perdón y del
servicio
mutuo. «A menos que te lave», le dijo a Pedro, «no tienes nada que
compartir
conmigo».
Pedro
aceptó que Jesús se pusiera a sus pies; fue lavado y tocado por la humildad
y
ternura de Cristo. Más tarde seguiría el ejemplo de Jesús y serviría a la
comunidad
de los fieles de la Iglesia primitiva.
Jesús
desea que la vida y el amor fluyan a través de nosotros como la savia
a través
de la vid, para que las comunidades cristianas sean un solo cuerpo.
Pero
tanto hoy, como en el pasado, no es fácil vivir juntos. A menudo nos
enfrentamos
a nuestras propias limitaciones. A veces no amamos lo suficiente
a
quienes están cerca de nosotros en la comunidad, la parroquia o la familia.
Hay
momentos en los que nuestras relaciones se rompen por completo.
Cristo
nos llama a revestirnos de compasión, y nos ofrece siempre nuevas
oportunidades
de comenzar. Tomar conciencia de que somos amados por
Dios nos
mueve a aceptarnos mutuamente con nuestras virtudes y defectos.
Es
entonces cuando reconocemos la presencia de Cristo en medio de nuestras
vidas.
Desde tu
pequeñez, ¿eres artífice de reconciliación en la comunión del amor,
que es
el Cuerpo de Cristo, su Iglesia? ¡Alégrate! Estás sostenido por la comunidad.
Ya no
estás solo, en todas las cosas avanzas junto con tus hermanos y
hermanas. Con ellos, estás
llamado a vivir la parábola de la comunidad.
Oración
Dios,
Padre nuestro,
Tú nos
revelas tu amor en Cristo y en nuestros hermanos y hermanas.
Abre
nuestros corazones para que podamos aceptarnos
con
nuestras diferencias y vivir reconciliados.
Concédenos
vivir unidos en un solo cuerpo,
para que
se manifieste el regalo de nuestra propia persona.
Que juntos seamos un
reflejo de Cristo vivo.
Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias
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