Segundo Domingo del Tiempo Ordinario ciclo B Jn 1,35-42

  El regalo que Dios nos da es la Vocación   En cierta ocasión un profesor le pregunta a sus alumnos sobre ¿qué les gustaría hacer cuando ...

 

El regalo que Dios nos da es la Vocación 



En cierta ocasión un profesor le pregunta a sus alumnos sobre ¿qué les gustaría hacer cuando fueran grandes?, es una pregunta muy habitual entre los docentes hacia sus alumnos, y cada niño en la mayoría de veces responde según su experiencia con el mundo que lo rodea, como el facebook, instragram, el internet,  las películas por la T.V. y en algunas ocasiones la profesión de sus padres, pues les resulta muy interesante. Sin embargo no fue así para uno de los alumnos, que de manera pensativa pensaba dar una respuesta más sincera, el profesor al ver que este niño no respondía con rapidez le sugirió que cualquier profesión estaba bien, pero el niño alzando la cara le responde: No profe, no se puede tomar una decisión a la ligera, estamos hablando de mi futuro y de mi vida, yo quisiera ser una persona amable, justa, que cada vez que alguien necesite mi ayuda no dude en responder a su llamado, el profesor le dijo: ahh tú quieres ser bombero, el niño le respondió, no eso no, un hombre que aunque este solo este acompañado, un hombre que sepa guiar la vida de los demás, un hombre que crea en lo imposible, un hombre que tenga un corazón grande donde quepa todo el mundo, un hombre que llame hijo a todo el mundo, un hombre que use sus manos solo para bendecir, un hombre que solo sepa decir la verdad en cualquier momento, así quiero ser de grande, el profesor extrañado le responde, ¿ qué profesión forma un hombre así? El niño responde la vocación de ser SACERDOTE.

La primera lectura del libro de Samuel y el Evangelio de Juan, nos indican el día de hoy sobre la llamada que el Señor le hace a cada persona , una llamada personal que solo se puede descubrir en el dialogo con Dios por medio de la oración y una escucha muy atenta. En el libro de Samuel Dios llama a Samuel, sin embargo, Samuel no reconoce su voz en el primer instante y acude a Elí para responder a su llamado, cada uno de nosotros es un ser original, único e irrepetible, muchos han optado hoy día en ser fotocopia de otra persona o peor aún en un personaje ficticio del cual es imposible imitar convirtiéndose en imitadores de lo superficial. También en muchas ocasiones corremos buscando la respuesta a nuestra vida, en los lugares que el mundo coloca en los medios sociales, como el tarot, el horóscopo, las estrellas, colocamos nuestra mirada en lo superficial y olvidamos la misión que adquirimos el día de nuestro bautismo. Allí es donde cada uno de nosotros ha recibido un encargo que debe ser alimentado y fortalecido con la palabra de Dios y la respuesta generosa del Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad, nos lo recuerda el salmo 39, la oración del Padrenuestro que Jesús nos enseñó tiene como base fundamental hacer la voluntad del Padre en la tierra como en el cielo, no puede haber una oposición  a la verdad y al bien común.

Es por ello que en el primer libro de Samuel nos coloca unas pautas que nos ayudaran a encontrar la voz de Dios en nuestro corazón y en nuestro obrar:

1.     Habla Señor: es la petición que le podemos hacer a Dios para no quedar sordos, ni sufrir la angustia del silencio divino, Dios nos habla, pero por medio de su Palabra Sagrada, es decir, por la lectura de la Palabra de Dios, Samuel dice el texto, no conocía al Señor, muchos en la actualidad siguen su vida sin conocer a Dios, y no es por el analfabetismo coloquial, sino porque han crecido en medio de un analfabetismo espiritual y muy pocos son los que se arriesgan a enseñar la palabra de Dios. En este mundo donde la tecnología ha avanzado en las mil y un maneras de conectarse y conectar el dialogo con otros para acortar las distancias, en nuestra relación con Dios hemos perdido la conexión de nuestro corazón con Dios y no buscamos las maneras de volver a tomar este dialogo.

2.     Tu siervo escucha: una condición y una actitud nos revela la Palabra de Dios para ser verdaderos seguidores del mensaje divino. La condición es de siervos, es lo que caracteriza a todo cristiano, ser servidor de todos, servidor para todos y, ser servidor significa; tener un corazón amplio y lleno de generosidad para atender a todo aquel que lo necesite. Ser servidor significa estar disponible para el bien, estar al servicio de la verdad y luchar por ella, ser servidor significa tener encendida la llama de la esperanza para saber reconocer al Señor.

Con esto podemos decir como dice el evangelio de Juan, este es el cordero de Dios, identificar a Cristo en el hermano, en el necesitado, ir a su encuentro y ver que realmente es él, que se quedó en la fracción del pan, reconocerlo en las especies eucarísticas y decirle al mundo con alegría y entusiasmo “hemos encontrado al Mesías” y llevar a muchos más a él. En este segundo Domingo del tiempo ordinario el Señor nos invita en su llamado a conducir a otros al Señor, en nuestro hogar, en el trabajo y en la calle, cada momento es una oportunidad para anunciar que debemos seguir al Codero de Dios, porque quita el pecado del mundo y seremos dichosos si estamos invitados a su reino celestial.

Amen.



 

Yalian Paul De Diego.

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